Zarina Estrada Fernández

Toda una vida dedicada a las lenguas indígenas

Zarina Estrada Fernández ha dedicado más 40 años al estudio académico de las lenguas indígenas en el noroeste de México.  Sus contribuciones la han convertido, a ella y a la Universidad de Sonora, en referente internacional en dicho tema; su dedicación y compromiso han brindado parte de justicia a la deuda histórica que sociedad y gobierno tienen con las etnias.

Originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, en su ciudad natal estudió hasta terminar la preparatoria, que en aquella época era de dos años; después tomó un curso de lectura en inglés en El Paso, Texas, y más adelante su padre le dijo que se iría a estudiar a la Ciudad de México.

En la UNAM estudió Lengua y Literaturas Españolas, especialidad en Lingüística Hispánica. Recuerda que antes de terminar la carrera se enteró por primera vez de la plaza en la Universidad de Sonora, pero no se vino en esa ocasión sino más adelante, porque aún seguía la vacante.

“Me vine tentativamente por un semestre y me convenció el ambiente académico, por el potencial que vi de lo que se podía hacer en la Universidad de Sonora, vi muchas cosas que se podían hacer, había la posibilidad de crear y de generar.

“Me convenció la ciudad de Hermosillo, el olor de naranjos, la flor de azahar en enero y febrero, porque me venía caminando a la Universidad y en todo alrededor había árboles y después de haber estado seis años en la Ciudad de México, del 66 al 72, vine a hablar con un profesor de aquí de la Escuela de Altos Estudios, Germán Viveros, él se iba a la UNAM y era lo que quería, que viniera alguien para poder irse. Llegué aquí para iniciar formalmente el 6 de febrero de 1973 a trabajar aquí en la Universidad de Sonora”.

Después de 44 años, Zarina Estrada continúa en la alma mater, y por su arduo trabajo desde el Departamento de Letras y Lingüística de la institución, se hizo acreedora del Premio Universidad de Sonora a la Trayectoria y Mérito Académico 2017.

¿Por qué estudiar lingüística?

En el plan de estudios experimental que tuvo en la carrera hubo un momento en que le dieron náhuatl clásico, y aunque por su bachillerato en humanidades ya había llevado seis semestres de latín, cursó además cinco semestres de francés, más de ocho semestres de inglés, pero se maravilló con el náhuatl clásico.

“Un semestre y dije eso me gusta. Me gustó por la organización diferente de la gramática, me encantó, eso fue en 1969, y fue un sueño que realmente tardó mucho en realizarse, pero por ahí me incliné hacia las lenguas indígenas, se puede decir que fue un interés nato, y a eso me he dedicado toda la vida.

“También tuve una inquietud de índole cultural que surgió desde mi época de la preparatoria, el hecho de ver cómo ciertos sectores, concretamente los padres de mis compañeros, rechazaban muy abruptamente que nosotros como estudiantes pudiéramos hacer un viaje a una comunidad indígena tarahumara. Todos los padres se opusieran, excepto el mío. Esa experiencia y una más tarde, de haber estado en Huejutla, Hidalgo, en una comunidad náhuatl despertó en mí un interés por conocer qué había detrás de eso que se llamaba grupos indígenas”. 

¿Qué significa para usted trabajar con miembros de estas comunidades y cuál considera que es la principal estrategia para establecer un diálogo con ellos?

Me acerco a las comunidades indígenas precisamente con la inquietud de conocer algo que uno no conoce y para poder hacer eso, lo que tenías que hacer es no llegar imponiendo, sino simplemente como observador.

Yo entré con esa dinámica, a ver, a conocer, a sorprenderme con lo diferente, pero no a castigar, no a cuestionar, es desproveerte de las vestiduras para conocer al otro, y esa ha sido mi fórmula, mi diálogo. No llego corriendo, tomo una foto y salgo corriendo; no, llego, pregunto, me voy y regreso, porque estableces un compromiso de vida.

Uno lo que hace al explorar estas temáticas es conocer al otro. Y yo creo que es la única responsabilidad que queda del ser humano, no tanto servirte de la sociedad, sino cómo aprendes del otro para que perdure la humanidad y perdure el sistema en el que vivimos, no acabarnos al mundo, no acabarnos al ser humano, sino conocerlo, a pesar de la diferencia tolerarlo o saber que no todos van a ser como uno, incluso esto se dice en epistemología saber aprender que no siempre tiene uno la razón.

¿Cuál es el impacto social?

Esa es otra cosa que se maneja en la ética de investigación lingüística, tenemos un fuerte apartado y lo aprendes en el proceso académico de la investigación, yo cuando hablo de lo que hago tengo que decir que no es algo que yo desarrollé sola, la desarrollo en un entorno social, el conocimiento no surge de la nada, surge de la sensibilidad que tienes tú por el mundo, tu interés por conocer y tu capacidad de aprender de los demás.
Lo otro, en lo que he producido, sobre todo para los yaquis, diccionarios que les sirvan, que les sean útiles, que los fortalezcan a veces uno no logra visualizar el impacto de la obra, pero, después, cuando empiezan las mismas personas hablantes del yaqui a apreciarlo, te das cuenta qué significa para ellos, para su cultura el tener el primer diccionario de su lengua. Es una entrega de reciprocidad, ellos me dieron materiales, yo también les di algo.
Últimamente me he dedicado a hacer posters, materiales didácticos para que sean de utilidad para los profesores que enseñan las lenguas indígenas, los dono a profesores para que los divulguen y los puedan utilizar en sus clases de primaria.

¿Considera que la investigación de estas lenguas indígenas puede entrar con investigadores de otras disciplinas?

Sí, de hecho yo creo que no te alcanza la vida para vincularte con todos los que quisieras vincularte en términos académicos. Yo entré a lingüística pero siempre en una especie de interdisciplina, no a lo mejor en el cómo haces la gramática de la lengua, sino en cuál es el dialogo que estás teniendo para ampliar tu experiencia.

Me nutro de ideas de otros, como en todas las disciplinas. A la hora que analizas lingüística vienen esquemas de química, matemáticas, lógica, en el proceso de diseño de la carrera estuve influida por gente de matemáticas para colocar la mirada de estadística y lógica, pero administrativamente las participaciones que te dan por proyectos de investigación de los departamentos te hacen casilleros y no logras a veces interactuar interdisciplinariamente.
¿Qué tan difícil ha sido desenvolverse en el ambiente de investigación considerando las exigencias de competitividad?

No es fácil, porque si nosotros desde la perspectiva humanística tratamos de entender al ser humano no es recíproco, yo te diría los economistas y algunos administradores no tienen idea de lo que se hacen en la humanidades ni tampoco pretenden entender a las ciencias que no son duras, a veces el hecho de que uno quiera entender no significa que el otro te está entendiendo, y a veces uno se hace muy contestatario o crítico, demasiado crítico, y te terminan teniendo pánico o juzgando como la mujer fuerte o dura e incluso adjetivos como muy soberbia y otros que no se pueden decir.
No es fácil porque avanzas sola en una disciplina donde los demás no están haciendo investigación y empezar a hacerlo no es sencillo, tampoco el apoyarte en personas de diferentes disciplinas para avanzar y menos cuando no eres de aquí, así que tiene que ver mucho que persistas si algo te interesa y sobre todo que le tengas gusto, porque cuando tienes el convencimiento lo tratas de mantener y sostener.
Tampoco es fácil cuando tienes tres hijos, pero gracias a Rebeca, Arcadio y David tengo a los mejores críticos, ellos son los que me mantienen en diálogo. Ellos me han aguantado y me han tolerado las ausencias.
Creo que recibí una educación de mi señor padre de fortaleza para salir adelante y que tienes que aprender a analizar la realidad y a tomar decisiones.

¿Cómo ha sido su faceta en el Departamento como académica, como compañera?

Soy una persona exigente en cuanto a la calidad de las cosas. Algunos colegas me han dicho que soy hiperactiva, no voy a ir a que me dictaminen a estas alturas, sí lo soy, no puedo quedarme haciendo una sola cosas, tengo que estar multitareas, tengo que estar como síndrome de falta de atención con dos o tres cosas al mismo tiempo, pero creo que eso y la historia de vida, el que he salido mucho, el que he visto mucho, el que he aprendido a observar a los otros para enriquecer mi visión me ha hecho avanzar más rápido que otras personas.
Me gusta que las cosas estén bien hechas y pronto, porque no sé, tal vez me acostumbré a responder en tiempo y forma y no dejar las cosas con negligencia, al ‘ay se va’, y esto es parte del entrenamiento que desde tus orígenes, desde la primaria te van educando con eso.
Se me ve como una persona competitiva, pero la competencia es conmigo misma, no contra ningún otro.
Soy juguetona en clase, muy bromista, porque lo que me toca enseñar es gramática y es la parte más árida del lenguaje, por eso juego mucho con mi forma se enseñar, bromeo, pero es la misma experiencia que te hace jugar con el lenguaje, como lingüista eres sensible al lenguaje y relacionas una noción con otra, mi fuerte ha sido la semántica, que es el significado, y la gramática, que son las oraciones, bromeo mucho con eso.
Mis estudiantes me han enseñado mucho, en especial cada alumno que he titulado, son más de 50 de licenciatura maestría y doctorado, quienes me han dejado algo. He aprendido de ellos, de sus procesos de vida, puedo haber coincidido o disentido, pude haber sido exigente, pero uno está en ese proceso para conducir, no es regaño es conducirte a una mejora académica.
Al finalizar el año 2017, le fue otorgado el Premio Universidad de Sonora a la trayectoria y mérito académico.

¿Qué significa para usted esta distinción?   

No ha sido un motivo en mi vida buscar reconocimientos de este tipo.
Esto significa un resumen reflexivo del quehacer que como profesora investigadora universitaria, guiada por tres directrices principales: la responsabilidad, la creatividad, y el gusto, algo difícil de creer pero es el principal motor.
Implica el interés en un ámbito del conocimiento muy poco explorado en México, cuando comencé hubo falta de comprensión y apoyo e incluso categorizaciones, como por ejemplo, que yo estudiaba algo de bajo impacto, algo que no brinda prestigio, algo extraño, algo curioso, y algunas expresiones como ‘esas cosas locas que tú investigas’, que en realidad hablaba más de la persona que emitía esa opinión que de realmente el ámbito del conocimiento en sí mismo.
Sin embargo, con aquellos que sí entendieron y entraron en consonancia con lo que me interesaba hacer, inicié un proceso de diálogo y empatía científica del que surgió poco a poco una retroalimentación, un apoyo y un seguimiento que perdura hasta la fecha.
En este proceso hay cosas de las que puedo estar orgullosa, el número de proyectos de financiamiento externo que desde 1989 he logrado para nuestra institución. Otro gran motivo de orgullo profesional y personal han sido los estudiantes que depositaron en mí la confianza para que fuera su directora de tesis.
Así también los 14 años de invitaciones continuas a realizar estancia de investigación en el Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck, en Leipzig, Alemania.
En este proceso no todo es logro y victoria, aún no cuento con un colega a mi lado que pueda continuar con la línea de investigación particular que comenzamos hace algunos años, esto se debe a la falta de plazas disponibles y la búsqueda que debe hacerse para lograr eso.
Afortunadamente se ha logrado tener el apoyo de colegas de múltiples disciplinas, académicos que me han incentivado y motivado desde hace cuarenta años, también he tenido apoyo de muchos trabajadores. Mi avance ha sido sustancial gracia a las personas que entraron en empatía conmigo en mi proceso de investigación, entre ellos algunos hablantes de lenguas indígenas.

Entrevista editada. Publicación original en Gaceta Num. 326
Diciembre 2017-Enero 2018
https://www.unison.mx/medios_informativos/gaceta/2018/gaceta326.pdf