19 de octubre de 2026
Beatriz EspinozaLa relación entre la microbiota intestinal y el funcionamiento del cerebro abre nuevas posibilidades para estudiar el papel de la alimentación en la salud mental, consideró Adrián Hernández Mendoza, durante su participación en el II Foro del Día Mundial de la Alimentación 2026, realizado en la Universidad de Sonora.
El investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) fue invitado por la institución, a través de la Dirección de Apoyo a Estudiantes, para compartir los hallazgos de su investigación sobre una bebida láctea fermentada con bacterias que podrían contribuir a regular procesos relacionados con la ansiedad y la depresión.
Durante su exposición, explicó que los microorganismos presentes en determinados alimentos pueden interactuar con el organismo mediante distintos mecanismos y participar en procesos relacionados con la respuesta inmunitaria, el metabolismo y la comunicación entre el intestino y el cerebro, conocida como eje intestino-cerebro.
Hernández Mendoza señaló que los efectos de las bacterias probióticas dependen de factores como la cepa, su estructura celular y los metabolitos que producen durante su crecimiento, por lo que no basta con incorporar una bacteria a un alimento para atribuirle beneficios específicos.
Durante su conferencia magistral, realizada el 16 de octubre en las Salas Interactivas del edificio 8A, precisó que es necesario identificar y caracterizar las bacterias, demostrar su seguridad y comprobar su eficacia mediante estudios científicos, además de analizar su interacción con la matriz alimentaria y los compuestos que se generan durante el proceso de elaboración.
Como parte del trabajo desarrollado por su equipo, el investigador compartió que se aislaron bacterias a partir del huauzontle, una planta comestible utilizada tradicionalmente en la alimentación mexicana, con el propósito de estudiar sus posibles propiedades probióticas, antioxidantes y antiinflamatorias.
Detalló que las cepas seleccionadas se utilizaron para elaborar una bebida láctea fermentada y, tras evaluar sus propiedades, el equipo identificó una denominada LP39, que mostró características de interés para continuar con los experimentos.
Indicó que, en una primera etapa, la bebida se evaluó en un modelo animal sometido a condiciones de estrés, en el que se observaron posibles efectos ansiolíticos y antidepresivos, así como cambios en indicadores relacionados con el estrés oxidativo, la actividad antioxidante y determinados procesos de la respuesta inmunitaria.
El especialista agregó que, en ese modelo, la administración de la bebida fermentada no produjo modificaciones importantes en la microbiota intestinal, salvo un incremento de bacterias del grupo de los lactobacilos, resultados que motivaron al equipo a avanzar hacia una evaluación en seres humanos.
Avances de un estudio piloto con adolescentes
Hernández Mendoza informó que el equipo desarrolló un ensayo clínico piloto, controlado con placebo, en el que se evaluó la bebida fermentada durante ocho semanas en un grupo de 26 adolescentes, con las autorizaciones correspondientes de los planteles escolares, las autoridades, sus familiares y las personas participantes.
Entre los resultados preliminares, el investigador destacó que las evaluaciones registraron cambios favorables en las escalas de ansiedad y depresión, aunque al momento de la conferencia el estudio se encontraba en su etapa final de análisis y sus resultados aún no habían sido publicados.
Expuso que, como siguiente paso, el grupo de investigación trabaja en la identificación de los metabolitos presentes en la bebida fermentada que podrían estar relacionados con los efectos observados, mediante análisis del perfil lipídico y herramientas computacionales para predecir posibles interacciones con procesos biológicos asociados con la actividad neuronal y la regulación del estado de ánimo.
Aclaró que estas predicciones constituyen hipótesis de trabajo que deberán comprobarse mediante investigaciones posteriores, con el propósito de comprender qué componentes podrían intervenir en la comunicación entre el intestino y el cerebro y su posible relación con los cambios registrados durante los ensayos.
Concluyó que la investigación busca aportar evidencia sobre el potencial de determinados alimentos fermentados como parte del estudio de la relación entre nutrición y salud mental. Sin embargo, el desarrollo de productos psicobióticos requiere demostrar su seguridad y eficacia, además de validar sus efectos en estudios clínicos antes de establecer conclusiones sobre su aplicación en la población.




