15 de julio de 2026
Olivia Paredes La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la discriminación por edad como un fenómeno que afecta a personas de todas las edades, pero que tiene consecuencias particularmente dañinas en los adultos mayores; el edadismo, como es conocida esta discriminación, puede llegar a generar actos de violencia, señaló María del Rosario Molina González.
La académica del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora, campus Navojoa, explicó que el edadismo es una forma de pensar conceptos estereotípicos o de sentir prejuicios que se ven reflejados tanto en las personas, como en la sociedad; y que pueden convertirse en actos de discriminación que impactan directamente debido a la edad.
“Desde una perspectiva jurídica, éste no se define como término en los textos legales, sino que estaríamos hablando de un abordaje principalmente de la discriminación por razón de la edad; esto ha sido un concepto que se ha venido integrando a distintos ordenamientos, a tratados internacionales, y que estrictamente el edadismo no se conceptualiza como tal, sino como un prejuicio social o un estereotipo cultural.
“Está incluso una categoría sospechosa que plantea el sistema o el régimen jurídico, que nos hace presumir que pueden generarse condiciones de discriminación que van a vulnerar de forma directa el derecho a la igualdad o a la no discriminación; el edadismo afecta directamente la dignidad humana y los principios de la universalidad de los derechos humanos”, acentuó.
La docente de la Licenciatura en Derecho reiteró que este tipo de discriminación afecta a un sector muy vulnerable: los adultos mayores; y se manifiesta, por ejemplo, en las instituciones de acceso a servicios, en las relaciones interpersonales y en la propia percepción del ser humano.
“Respecto a la violencia hacia las personas mayores, esto puede ser un acto único, continuo o repetitivo, en el cual se genera una falta de acción apropiada que ocurre en relación con la confianza, que se causa un daño, sufrimiento, un abandono a una persona adulta mayor; y esto constituye una violación a los derechos humanos e incluso puede llegar a generarse en las diversas tipologías de la violencia.
“Como el maltrato físico, sexual, psicológico o emocional, abuso financiero, abandono o negligencia, de tal manera que en esta discriminación por la edad estamos hablando de estereotipos, prejuicios, actitudes, creencias e incluso barreras sociales generalizadas, conscientes o implícitas, o simbólicas, interiorizadas como persona y como sociedad”, subrayó.
Molina González indicó que las conductas edadistas más comunes pasan desapercibidas y se advierten a partir de tres categorías principales: la infantilización, la despersonalización y deshumanización; la primera consiste en tratar a las personas mayores como si fueran niños, restándoles capacidad, utilizando tonos más altos melódicos para aparentar ser más sensibles, y empleando diminutivos o términos paternalistas.
“En cuanto a la despersonalización es no reconocer esta individualidad de la persona mayor, tratándola como un grupo etario, colectivo, homogéneo, utilizar generalizaciones como jubilados, pensionados, abuelos; asumir que las personas mayores tienen las mismas necesidades, gustos y capacidades, y dar por sentado que por su edad padecen enfermedades como demencia.
“En la deshumanización hay una falta de empatía, limitando su autonomía, privarlas de sus derechos, tomar decisiones sin consultarles incluso en asuntos que les afectan directamente; ignorar su presencia, no tener en cuenta su opinión en reuniones familiares, burlarse de ellos en redes sociales, utilizar términos despectivos, entre otros”, enlistó la académica.
Respecto a medidas preventivas que se pueden utilizar para atender el edadismo, consideró que forzosamente se debe empezar por la educación y la sensibilización para desmontar esos estereotipos, actuando desde la infancia, y cambiando el lenguaje y las narrativas para que se reconozca la diversidad, el valor, personalidad y dignidad de las personas mayores.
“Otra medida preventiva tiene que ver con las políticas y las leyes; hay que crear un marco protector, legislar contra la discriminación, pero además que prohíban explícitamente esta discriminación por edad y que el término edadismo pueda ser subsumido, concentrado en las normativas”, resaltó.
Como dato importante, la académica precisó que de acuerdo con el INEGI hubo un notorio incremento de la población mexicana que pasa de los 60 años; las estadísticas destacan que el 14% de la población en México son adultos mayores; en un rango de 60 a 69 años el 57% son hombres, y de 80 años en adelante, el 15% de la población son mujeres.
“Hay que establecer que tanto el Código Penal federal, como el Código Penal del Estado de Sonora, establece el delito de discriminación y entre las categorías aparece por razones de la edad, es decir, que se atente contra la dignidad humana o que los actos intenten anular o menoscabar los derechos y libertades de la persona en función de la edad.
“Las sanciones que se establecen para esta conducta, son penas indicadas en la legislación, que van de uno a cuatro años de prisión, o de 150 a 300 días de trabajo a favor de la comunidad y una multa de hasta 400 UMAs; esa es la pena que contempla Sonora, específicamente el Artículo 175 bis del Código Penal sonorense”, detalló.
María del Rosario Molina González concluyó que como sociedad se puede prevenir el edadismo y la violencia que se ejerce contra el adulto mayor, “reconociendo una verdad fundamental: envejecer no significa perder valor, voz, ni dignidad; las personas mayores no son una carga, no son invisibles y no deben ser tratadas como incapaces por razón de su edad”.
Enunció que los adultos mayores son personas con historia, derechos, autonomía, experiencia y capacidad para decidir sobre la vida; y reiteró que el edadismo se manifiesta cuando se les infantiliza, se les ignora, aísla, ridiculiza y se decide por una persona sin escucharla.
“También aparece cuando justificamos el abandono, el maltrato, el despojo patrimonial o la negligencia bajo la idea de que ya está grande, que ya no entiende o así es la vejez; como sociedad debemos cambiar la mirada, cuidar no es controlar, proteger no es sustituir la voluntad, y acompañar no es silenciar.
“Prevenir la violencia contra las personas adultas mayores implica escucharlas, respetar sus decisiones, garantizarle el acceso a la salud, la justicia, la familia, comunidad, a tener un desempeño, que sean productivos; una vida libre de violencia también exige denunciar el maltrato y fortalecer las redes de apoyo”, aseveró.
La académica añadió que brindar un trato digno a los adultos mayores no es un acto de caridad, sino una obligación ética, social y jurídica de todos los que forman parte de la sociedad, misma que debe reconocer su propia memoria, su humanidad y su futuro.



