María Fernanda Rubio Mota

María Fernanda Rubio Mota, de 19 años, cursa el segundo semestre de la Licenciatura en Artes Escénicas y forma parte de Proyecto Intervención UNISON, donde continúa desarrollando su formación en danza. Su trayectoria artística comenzó a los 11 años y, desde entonces, la danza se ha convertido en una parte fundamental de su vida, tanto como medio de expresión como espacio de aprendizaje y conocimiento personal.

Entre las experiencias que considera más relevantes se encuentran su participación en la pieza de son jarocho “Mictlán” en 2024 y, durante 2025, en la propuesta de flamenco experimental “Que te quiero verde”, la Procesión del Día de Muertos, una pieza presentada durante la procesión de Mictlán y el proyecto “Los talleres bailan a Márquez”. Estas participaciones le han permitido explorar distintos lenguajes, ritmos y posibilidades del movimiento, enriqueciendo progresivamente su experiencia como intérprete.

Su experiencia artística más reciente fue precisamente “Los talleres bailan a Márquez” en 2025, donde participó en una pieza construida a partir del Danzón núm. 4 del compositor mexicano Arturo Márquez. Para María Fernanda, esta presentación destacó por la manera en que el movimiento permitió interpretar la música mediante desplazamientos amplios, fluidos y conectados, buscando que el conjunto de intérpretes funcionara como una unidad sobre el escenario.

Hasta el momento, no ha participado en actividades en las que haya representado oficialmente a su institución, estado o país. Sin embargo, las experiencias acumuladas durante su formación han fortalecido una relación con el arte que comenzó desde la infancia y que actualmente constituye también el centro de su preparación académica.

Desde su perspectiva, resulta difícil separar su formación artística de su formación académica y personal, pues las tres dimensiones se encuentran estrechamente relacionadas. La danza le ha permitido desarrollar una mayor conciencia de su cuerpo: comprender sus capacidades, reconocer sensaciones y movimientos y descubrir distintas maneras de establecer conexiones consigo misma, con otras personas y con el espacio que la rodea. De esta forma, concibe la práctica artística como un proceso que trasciende el escenario y contribuye a comprenderse a sí misma y al entorno.

A corto plazo, busca continuar nutriéndose y creciendo como intérprete, explorar con mayor profundidad las capacidades de su cuerpo y desarrollar la seguridad necesaria para enfrentarse a nuevos escenarios y experiencias. A mediano plazo, aspira a llevar su trabajo más allá de Sonora, participar en proyectos de alcance nacional y compartir en otras regiones del país tanto los conocimientos adquiridos como su pasión por la danza.

María Fernanda reconoce que la danza puede ofrecer satisfacción, crecimiento y refugio, pero también implica enfrentar cansancio, lesiones, dificultades personales y los retos propios del aprendizaje. Su formación le ha enseñado a disminuir la velocidad, regresar a las bases y comprender que antes de buscar movimientos cada vez más complejos es necesario aprender a conocer y dominar el propio cuerpo. A pesar de esas dificultades, mantiene una profunda convicción sobre el lugar que la danza ocupa en su vida: “Vivo convencida de que nací para amar y para danzar, para danzar amando y para amar danzando”.