A 25 años de la profesionalización de las artes en la Unison: nada es gratuito

25 de agosto de 2022


Armando Zamora

“Los estudiantes de Artes son los más progresistas de la Universidad”, señaló alguna vez el escritor Luis Enrique García, docente del Departamento de Bellas Artes.

No podía ser de otra manera, pues el arte ha estado presente en la Universidad de Sonora desde antes de que abriera sus puertas: en octubre de 1941, en la ceremonia de colocación de la primera piedra de lo que sería la máxima casa de estudios en la entidad, entre los políticos, funcionarios estatales y ciudadanía entusiasmada, se privilegió la presencia de un poeta, a quien se le había abierto un espacio en el programa oficial para que leyera un poema de su autoría, en el que vaticinaba el devenir de la institución. La literatura, una de las bellas artes, abría paso a un futuro esperanzador de la naciente institución.

Las fotografías de aquel momento histórico nos presentan a Leopoldo Ramos, sud bajacaliforniano de nacimiento y guaymense de arraigo, leyendo su obra Alma parens, que entre sus versos menciona: “Una idea venida sobre el ancho azul del pensamiento tiene puerto en el alma de Sonora… Una idea, un designio, una sonrisa piden carne a la piedra en la más íntima cantera: el provenir espeso como una granada henchida de luceros…”, mientras en otras latitudes las potencias y sus aliados manchaban de sangre el mapa de una Europa sollozante.

La Universidad de Sonora nació con tres funciones sustantivas: docencia, investigación y extensión de la cultura y los servicios. Es por esta última que ha fomentado e impulsado la práctica de las disciplinas artísticas en beneficio de la sociedad, y por las dos primeras profesionalizó las enseñanzas del arte.

Los años venideros fueron testigos de la llegada a la casa de estudios de personajes centrales en el desarrollo del espíritu artístico de los universitarios: Higinio Blatt (pintura), José Sosa Chávez (coro), Emiliana de Zubeldía (música), Isauro Sánchez Pérez (banda), Alberto Estrella (teatro), Martha Bracho (danza) y varios más, quienes formaron en las academias de arte a generaciones de jóvenes que llegaron por diferentes ríos a aprender a crecer desde las técnicas de la estética.

Puede decirse que desde su nacimiento, la máxima casa de estudios asumió el liderazgo como creadora y promotora de las artes en Hermosillo y en todo el estado, pues los estudiantes y egresados de la Universidad, muchos de ellos alumnos de las academias de arte, llevaron sus frutos culturales hasta el último rincón de la entidad.

En enero de 1993, cuando la Universidad de Sonora apenas había rebasado sus primeros 50 años, el Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Sonora, que en ese entonces coordinaba de manera institucional los esfuerzos de las instancias que ofrecían instrucción artística, se elevó a Departamento. Fue un cambio obligado, producto de la estructura académica y administrativa propuesta por la recién instaurada Ley 4.

Hasta ese momento, las antiguas academias de Arte Dramático, Música y Canto, Artes Plásticas y Danza, creadas en 1954 y convertidas en 1993 en Talleres de Artes, se mantenían lejos del nivel profesional que animaba el espíritu universitario, y con la fundación del Departamento, con la profesora Rita Plancarte Martínez al frente, se emprendió un proyecto para la profesionalización de las artes en la Universidad y en la entidad: iniciaba así la creación de una Licenciatura en Artes.

La jefa del Departamento presentó entonces un plan para consolidar las academias y actualizar y nivelar la planta docente, así como el diseño curricular de la Licenciatura en Arte con cuatro opciones, correspondientes a cada una de las disciplinas artísticas que se impartían.

Con ello se perseguía la formación de ejecutantes con plena capacidad para aplicar las teorías y técnicas relevantes a su práctica específica, que les permitiera abordar la creación de obras originales y la interpretación de las obras de otros autores. Y a los docentes les brindaba la oportunidad de estudiar posgrados y, además, se abría el campo a la investigación.

Los profesores de las academias, en su gran mayoría sin el grado académico que se exige para ser docente en la institución, comenzaron a tomar cursos en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) para obtenerlo, previo convenio con la Universidad de Sonora. Así, ya con el título de la UACH, el cuerpo docente que daba clases en las academias pudo continuar con sus labores en el nuevo departamento.

En 1997 iniciaron los cursos de la Licenciatura en Artes, que permitió elegir una de cuatro especializaciones: danza, teatro, artes plásticas y música. Más adelante dichas especialidades se desglosarían en las actuales licenciaturas del Departamento.

Se optó por mantener los Talleres Libres de manera paralela a las emergentes carreras debido a su carácter iniciador en su respectivo campo artístico. Así, mientras los Talleres se brindan para interesados que busquen un acercamiento básico al ámbito, sin necesidad de ejercicio profesional, las licenciaturas se proponen para quienes se inclinen por una formación completa en el área.

El Centro de las Artes
Resulta difícil explicar el desarrollo del Departamento de Bellas Artes sin la construcción del Centro de las Artes, magna obra pensada para abrazar las licenciaturas emanadas de la enseñanza de la danza, el teatro, la plástica y la música.

El Centro de las Artes fue construido en el mismo lugar donde por espacio de varias décadas estuvo el Gimnasio Universitario Alberto Córdova Herrera, donde se practicaba basquetbol, volibol y levantamiento de pesas.

El 6 de mayo de 1997 fue inaugurada la primera etapa del Centro de las Artes, que incluía un Salón de Convenciones para 700 personas, auditorio, tres salas audiovisuales, foro escénico para prácticas y funciones a cargo de los estudiantes, espacios para exposiciones, aulas y oficinas, así como amplios corredores y una plaza escultórica. Durante un tiempo funcionó en el edificio una librería, que pronto cerró sus puertas.

Inicialmente se instalaron en el Centro de las Artes las opciones en Teatro y Danza de la Licenciatura en Artes. En las siguientes etapas del proyecto original se construyó un edificio para el Departamento de Arquitectura y Diseño, otro para la Licenciatura de Música y las oficinas administrativas de la División de Humanidades y Bellas Artes, edificio que comparte con la Licenciatura en Artes Plásticas.

Rehabilitado y ampliado en 2017 (de 80 butacas se incrementó a más de 200), el Foro Bellas Artes se ha convertido en el espacio natural de presentación de los frutos que ofrecen los cursos de artes escénicas, que ha enriquecido el círculo virtuoso de la enseñanza en danza y teatro.

Si bien, de manera formal, el Departamento de Bellas Artes cumplió 29 años en enero pasado, este día, 25 de agosto de 2022, se cumplen 25 años del inicio de la Licenciatura en Artes, que tanto brillo y tanta gloria han traído a la Universidad de Sonora y a toda la entidad.

Y esto ha sido en parte porque, según dijo alguna vez el escritor Luis Enrique García, “los estudiantes de Artes son los más progresistas de la Universidad”. Otra parte es gracias a su cuerpo docente. Y en última instancia, por el público que ha apreciado la calidad de los artistas universitarios tanto en el Foro Bellas Artes como en los más destacados escenarios culturales de Sonora y de México, hasta llegar al limbo: La Scala de Milán.

Se sabe, y se sabe bien, que en el arte nada es gratuito: se requiere mucho esfuerzo, miles de horas de entrenamiento, ir contracorriente porque hay quienes creen todavía que el arte no es una profesión, y demostrar la excelencia porque la competencia no es poca. A cambio se gana entereza, visión lateral ante los retos y un espíritu a prueba de todo: de eso están hechos los estudiantes y los docentes de Artes de la Universidad de Sonora. Y eso es lo que recibe el público en cada función.