José Eduardo Chávez

Por Paula Trespalacios Argain

El mejor lanzador de martillo universitario en México es búho. José Eduardo Chávez Espinoza, ha convertido la fuerza, la disciplina y el estudio en un proyecto de vida.
Primero quiso ser velocista, pero su complexión no lo favorecía en esa prueba. Probó después el impulso de bala y el lanzamiento de disco, aunque tampoco encontró la técnica que buscaba. Su camino se definió cuando tomó el martillo por primera vez y hoy, con apenas 21 años, presume una marca de 65.76 metros en categoría libre (7.260 kg) y un lugar entre los diez mejores lanzadores del mundo.
Cursa el octavo semestre de la Licenciatura en Derecho en el campus Hermosillo de la Universidad de Sonora, mantiene un promedio de 96 y es campeón panamericano, hexacampeón de Olimpiada Nacional y bicampeón universitario.
“Yo quería empezar como corredor, como mi hermano, que era corredor de 400 metros planos, pero por temas de fisiología no podía correr igual que él. Seguí en atletismo, pero en otra rama, que son los lanzamientos. El atletismo se divide en pruebas de pista y campo; en campo están saltos y lanzamientos”, explica.

Un récord mexicano desde temprana edad
Chávez Espinoza es poseedor del récord mexicano de lanzamiento de martillo en la categoría sub-16 (4 kg), con una marca de 67.94 metros. En sub-18 igualó el récord nacional vigente. Como sub-20 alcanzó el décimo lugar mundial en el Campeonato Mundial de Atletismo 2022 en Cali, Colombia, y obtuvo bronce en el Panamericano Sub-20 celebrado en Puerto Rico.
Comenzó a practicar el lanzamiento de martillo a los 12 años. En su primera Olimpiada Nacional se llevó la plata; en todas las ediciones siguientes ganó oro.
“Antes de entrar a la universidad ya tenía tiempo practicando con mi entrenador, Raidel Lázaro. Representé al municipio, al estado e incluso a México.
“Empecé mi carrera deportiva en 2018. Mi primera Olimpiada Nacional fue en Querétaro. También novateé con plata y, de allí en adelante, han sido puros oros: 2019, 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025. Vamos por nuestra última olimpiada en 2026, esperando mantener la racha invicta”, relata.

Adolescente comprometido con el deporte
A punto de cumplir 13 años dio el paso definitivo hacia el deporte competitivo. Los juegos de la infancia quedaron atrás y dio la bienvenida a la disciplina.
“Es un cambio drástico porque uno está acostumbrado a jugar en las tardes con los amigos, en el parque o en el campo de futbol. De pronto entras a un mundo especializado y debes enfocarte al ciento diez por ciento. No lo veo como sacrificio sino como disciplina, porque es algo que me gusta. Fue un cambio fuerte, pero me he acoplado muy bien tanto a la vida universitaria como a la deportiva”, comparte.
En 2023 portó por primera vez los colores de la Universidad de Sonora en la Universiada Nacional. Debutó con plata y en 2024 y 2025 le dio a la institución dos medallas de oro.
Ese mismo 2024 acudió a los Juegos Panamericanos Universitarios (FISU Pan American Games) en Cali, Colombia, donde se quedó con el primer lugar del continente y consolidó su presencia internacional.

Un licenciado de peso
La Licenciatura en Derecho es otra de sus pasiones y la lleva con el mismo rigor que el deporte.
“Siempre quise estudiar Derecho, lo decidí desde secundaria. Hice el examen y quedé, estaba muy contento. Se siente muy bien que, en un parpadeo, ya pasé a octavo semestre y estoy a nada de terminar la carrera”, comenta.
Para equilibrar entrenamientos y estudios diseñó una estrategia clara: cargar más materias de julio a diciembre para estar libre durante las temporadas de competencia.
“El primer semestre del año es cargado porque no es temporada competitiva, no tengo eventos fuera de la ciudad, pero cuando sé que vienen las competencias agarro pocas materias. Así no afecta mi desempeño académico”, explica.

Una vida de sueños y constancia
A los 17 años ya era el mejor lanzador de martillo en México. Estaba listo para competir internacionalmente, pero se quedó fuera de algunos eventos: un Mundial en China por la pandemia y otros en Brasil y Francia por falta de recursos.
Su mayor satisfacción llegó con el Campeonato Mundial Sub-20 de Atletismo.
“Mi clasificación al Mundial Sub-20 fue un gran logro, no por el resultado, sino por la clasificación misma. Yo tenía nivel para competir a nivel internacional, pero por una u otra razón no podía asistir: pandemia, logística, recursos. Eso me frustraba porque competía a nivel nacional y ganaba, pero quería más. Quería medirme con los mejores”, recuerda.
Ese deseo se volvió determinación. Para calificar debía estar entre los 32 mejores del mundo; llegó a colocarse en el lugar 28, pero conforme avanzaban las competencias bajó al 32. Faltaban dos semanas para que cerrara el ranking y una sola oportunidad para mejorar su marca.
“Estábamos al filo, nos quedaba una competencia más. Fue el Nacional Juvenil en Querétaro. Sabía que, si no mejoraba, me sacaban del ranking y se acababa mi sueño de ser atleta internacional.
“Tenía calentura, dolor de garganta y dolor de cuerpo, pero el deseo de representar a México era más grande. No sé de dónde saqué fuerzas, mejoré mi marca personal por dos metros y pasé del número 32 al 18 del mundo. Con eso aseguré el pase al Mundial”, relata.

Orgullo de su familia y de Sonora
José Eduardo nació en Hermosillo. Es el hijo menor de Guadalupe Gloria Espinoza Romero y Jesús Mauricio Chávez Rascón. Sus hermanos, Jesús Daniel y Gloria Sarahi completan su familia que lo acompaña en cada logro y lo han visto crecer con la misma fuerza que imprime a cada lanzamiento.
La trayectoria de José Eduardo Chávez Espinoza es la historia de un joven que no se conforma. Ha aprendido que la disciplina transforma el talento y que los sueños se alcanzan con constancia.
En el círculo del martillo y en las aulas de Derecho, demuestra que la fuerza también es inteligencia, estrategia y carácter. Aún no termina su carrera universitaria y ya figura entre los mejores del mundo. Su historia, sin duda, apenas empieza.